lunes, 21 de enero de 2008

Biografias de proceres venezolanos



Manuela Saez






Hija del noble español Simón Sáenz Vergara y de María Joaquina de Aispuru, nació en la ciudad de Quito, Ecuador, el 27 de diciembre de 1797, aunque algunas fuentes citan el año de 1795. Por causa del nacimiento de "Manuelita", su madre fue abandonada por su humilde familia. Manuelita tuvo que ser educada en el Convento de Santa Catalina. En ese lugar aprendió a leer y a escribir, además de aprender a comunicarse y expresarse. Forzada a abandonar el convento a los 17 años, fue brevemente seducida por Fausto D'Elhuyar, sobrino e hijo de Juan José y Fausto Elhúyar (los descubridores del tungsteno).
Después de esa aventura vivió varios años con su padre, que en
1817 la casa con un acaudalado médico inglés James Thorne, veintiséis años mayor que ella. Poco tiempo después de la boda, el nuevo matrimonio se trasladó a Lima, entonces capital del Virreinato del Perú, donde Manuela empezó a interesarse por los asuntos políticos del país. Dentro del ambiente aristocrático de la capital, supo de las conspiraciones revolucionarias de los patriotas, tanto los intentos de Bolívar por liberar la Nueva Granada, como los de San Martín por independizar el Perú. Así Manuela tomó un papel activo en las intentonas de derrocar al virrey José de la Serna e Hinojosa en 1820. Posteriormente, el 28 de julio de 1821, ella fue testigo clave de la Independencia del Perú, con una destacada colaboración en el proceso, lo que le valió que el general José de San Martín le concediera el título de "Caballero de la Orden del Sol".
En
1822 Manuela acompañada de su padre regresó a Ecuador, abandonando a su esposo. En los eventos de entrada triunfal de Simón Bolívar a Quito, Manuela Sáenz de Thorne lo ve, por primera vez en un evento así narrado por ella misma en su diario de Quito: "Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caida, a la casaca, justo en le pecho de S.E. Me ruboricé de la verguenza, pues El Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S.E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano ..."; a partir de este suceso y de un encuentro posterior en el baile de bienvenida al Libertador en el cual él le manifiesta cosas como "Señora: insisto en que usted ha tocado hoy justo en mi corazón. Su belleza es el mejor regalo que un héroe puede recibir, pues su encantamiento se halla en su agradable vivacidad (...) Me encuentro fascinado de usted, por no decir enamorado..." Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha durante ocho años hasta la muerte de éste en 1830. Al año siguiente de que se hubieran concocido (1823) acompañó a Bolívar hasta Perú, donde vivieron juntos hasta que El Libertador tuvo que continuar con las guerras de independencia. Demostrando una capacidad sobresaliente para la época, Manuela acompañó al Libertador durante buena parte de las campañas, durante las cuales habitó en la ciudad de Bogotá. Durante su estancia en esta ciudad, el 25 de septiembre de 1828, Bolívar fue objeto de una intentona de asesinato que fue frustrada gracias a la valiente intervención de Sáenz. Los enemigos del Libertador, habían conjurado para darle muerte aquella noche de septiembre. Al entrar al palacio de San Carlos (hoy día sede de la Cancillería de Colombia)donde se hospedaban, frente al Teatro Colón, al darse cuenta de la persecución, Manuela intervino entre ella y los rebeldes, con el fin de que Bolívar tuviera tiempo de escapar por la ventana. Bajo ella se puso una placa con las siguientes palabras:

"SISTE PARUMPER SPECTATOR GRADUM / SI VACAS MIRATORUS VIAM SALUTIS
QUA SESE LIBERAVIT / PATER SALVATORE PATRIAE / SIMON BOLIVAR / IN NEFANDA NOCTE SEPTEMBRINA
AN MDCCCXXVIII"
[1]

"DETÉNTE, ESPECTADOR, UN MOMENTO / Y MÍRA EL LUGAR POR DONDE SE SALVÓ / EL PADRE Y
LIBERTADOR DE LA PATRIA / SIMÓN BOLÍVAR / EN LA NEFANDA NOCHE SEPTEMBRINA
1828"
Por estas acciones Bolívar mismo la llamó la "Libertadora del Libertador". Al enterarse Thorne de la relación de su esposa con Bolívar, le envió una carta a Manuela pidiéndole que dejara a su amante y que regresara con él. La respuesta de Manuela fue contundente: seguiría con Bolívar y daba por finalizado su matrimonio con el inglés.
Bolívar dejó la capital al exilio de la
Gran Colombia en 1830, y falleció en la ciudad de Santa Marta producto de la tuberculosis y otras afecciones, sin dejar nada a Manuela. Con la muerte del Libertador, asumió el poder el general Francisco de Paula Santander, quién la expulsó de Colombia, partiendo hacia el exilio en la isla de Jamaica. Intentó regresar a su tierra en 1835, aunque cuando se encontraba en Ecuador su pasaporte fue revocado por el presidente Vicente Rocafuerte, por lo que fue deportada hacia el norte de Perú. Se instaló en el pueblo de Paita, en la norteña provincia peruana homónima. En este lugar fue visitada por varios ilustres personajes como el escritor estadounidense Herman Melville (autor de la novela Moby Dick), el patriota italiano Giuseppe Garibaldi (quién la acompañó en sus últimos momentos) o el escritor venezolano Simón Rodríguez. Durante los siguientes 25 años se dedicó a la venta de tabaco, además de traducir y escribir cartas a los Estados Unidos de parte de los balleneros que pasaban por la zona.
En
1847 su esposo murió asesinado, siendo incapaz de cobrar los 8.000 pesos de herencia producto de las maquinaciones de sus enemigos. A los 59 años de edad, "Manuelita" sucumbió durante una epidemia de difteria que azotó la región el 23 de noviembre de 1856. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio local y todas sus posesiones fueron incineradas, incluidas la mayoría de las cartas de amor de Bolívar.